Wolf Eyes

XPHYNXCAT y un set apuntando a Aphex Twin o The Third Eye Foundation, o el acierto de la interactividad hombre máquina. Vistoso y resultón hasta que la tecnología dijo basta.

Nathan Young avisaba antes de la actuación de WOLF EYES que para vigo habían elegido el dolor (acompañado de la onomatopeya que mejor dibuje un alarido), comentario terrorífico sabiendo por dónde se mueven Wolf Eyes normalmente. Viendo el inventario (pegatinas alusivas a la película Viernes 13, camisetas de Freddy Krueger) y los instrumentos (una guitarra reducida a una estaca con una cuerda, saxo customizado con spray y esparadrapos varios, un cuerno abisal, maletas raídas con pedales, secuenciadores y cintas!!), no es de extrañao? que las asociaciones terminen cercanas al infierno de Dante, la música que podría escuchar Leatherface en el matadero más famoso de la ruta 66, al hilo musical de la escalera de Jacob o a la banda sonora del claustrofóbico Rectum de Irreversible. 45 minutos consumidos sin parpadear, rock abrasivo, noise oscurísimo, metal extremista al fin y al cabo, tanto que asusta reconocer que gustan, cuando lo más acertado sería reconocer que aceptamos la trepanación. Como decía Julio, hay que reconocer la (magistral) cimentación del sonido, tanto en ejecución como en contundencia no hay peros, éstos vendrían en la falta de un final apocalíptico acorde a la invitación.

Hablando de ruido, bien asimilado y dirigido, choca pretender una secuencia coherente, pero ya que uno está disfrutando en el jodido infierno es lógico querer arder y mandarlo todo a tomar por el c...saco. Y habla alguien que venía de imaginarse los atardeceres de Tanworth in Arden el día anterior, el mismo que le puso mala cara a burned mind (Sub Pop , 2004) cuando violó sus oídos el año pasado, pero que cayó fulminado ante una de las experiencias en directo más intensas que recuerda. Una transfusión de sangre a lo bestia, una sonrisa macabra ante una patada en los cojones, que bien podría verse reflejada en las abominables caras que inundan las portadas de American Tapes (un sello que funciona del mismo modo que Child of Microtones para Matt Valentine o Wholly Other para Charalambides). No he visto (de momento) a Black Dice, Comets on Fire o Double Leopards, pero sí oído, y me cuesta imaginar que, en directo, resulten tan asombrosos como Wolf Eyes, porque aunque planee la sombra de que eso lo hace cualquiera, créanme, eso no lo hace cualquiera. Y eso que hablamos de alzar los puños como un primate, agitar la cabeza, golpear los puños contra el pecho y demás ademanes primarios. Algo parecido a dejarte aniquilar los tobillos por una hiena. Como reza su tarjeta de visita, fuck you (por no venir).

Texto: Rafael Romero