Parker & Lily

Reconozco que no tenía ganas de ir al concierto, de hecho nos comimos la actuación de LOS DEUTERONISTAS con anécdota incluida. Al parecer nacho (el cantante) preguntó si estaba rafa en la sala (todo un halago, gracias!) para reafirmar la condición afectada de sus letras (haciendo alusión a la crítica que había hecho de su primera actuación). Oí sólo los últimos coletazos del final y reconozco que ése poco me supo mejor que la última vez. Creo que, además de banda, ya hay trabajo (aunque según mi humilde modo de ver la música siga sobrando samba).

También reconozco que no tenía ganas de escribir crónica, más que nada porque me gustaría poder disfrutar de la música como otro oyente más, sin esa necesidad de pontificar desde el subjetivo análisis crítico. Desde esa perspectiva el concierto no me gustó en un principio, pero finalmente tras ir creciendo poco a poco terminó por convencerme. No me gustó porque el aire nebuloso y taciturno de the low lows (Houston Party, 2004) no aparecía por ninguna parte y ese clima espectral es lo que hace diferentes a PARKER & LILY. De hecho, la comparación con el universo Lynch transformó el terciopelo azul o las habitaciones rojas por el rudo ambiente de la ’Doble R’, encontrando allí a un Parker Noon más próximo a la estampa camionero-cervecero-sin origen que a un enigmático agente Cooper pidiendo tarta de arándanos para desayunar. A pesar de ello, tras la barba y la gorra de AC/DC, Parker Noon respira y destila romanticismo a borbotones, bien ruborizando con miradas y versos cómplices a Lily Wolfe, bien sacudiendo las fatalidades del amor con un fanfarronismo que disfraza la precisión neurótica que destila en los renglones torcidos que visten sus letras. Creo que a pesar de la atmósfera (más agri que dulce) todos son felices, y cuando alguien es presumiblemente tan feliz termina por contagiarte importando poco que los teclados sean más nervudos que turbulentos o que las voces abandonen el susurro en favor de la lija.
Del Nueva York afín a Antony tampoco tuvimos noticias, salvo algún paréntesis velvetiano a través de la batería, encontrando los paralelismos más cercanos a la cruda realidad de agujeros negros como Tucson o Austin. Más Kerouac que Twin Peaks, Parker & Lily congelaron el tiempo porque respiran mucha clase y sentido, eso aunque echase de menos el teatro del silencio de Mulholland Drive o la escalofriante june gloom. De menos a más, brillaron más cuando fueron menos.
Y también mención especial para MINÚSCULO que de nuevo regaló una sesión con ese gusto tan tan tan exquisito al que nos tiene acostumbrados y rendidos. Revisión Rafa Romero.