CocoRosie + Antony & the Johnson

Veamos. Para un indeciso debería sonar arriesgado tildar con antelación, como uno de los conciertos del año, el cartel de ahí arriba. Más si tenemos en cuenta el día elegido, domingo, y la asistencia media de las últimas actuaciones, excepciones mediáticas aparte, tan digamos rácana. Pero algo de criterio tendrá la gente de Sinsalaudio para haber acertado sin ni siquiera disparar. Y resultó que las cien personas que acudieron a la cita todavía lo estarán reviviendo, seguro. ¿algún día la realidad de Vigo será así?
No hace falta ser muy listo para adivinar el sí quiero que ANTONY le daría a David Lynch para una fugaz aparición en uno de esas ensoñaciones dónde enanos bailarines y gigantes estáticos son protagonistas. El propio Antony describió la sala Vademecwm como uno de esos clubes new-wave del New York de los primeros ochenta. La estampa, piano, un guitarra para salvar el honor de The Johnson y un tipo tremendamente sentido, frágil. Esa imagen sensible produce canciones que recuerdan a Nina Simone, Elton John o a una Diamanda Galas atiborrada de ansiolíticos. Terminó pecando de meloso, pero que el tramo final sonase excesivamente almibarado no puede esconder canciones enormes. Siempre en notas azules, tristes sí, deliciosas también. Nos contó que trabajó junto a su amigo Lou Reed, que la fotografía de Candy Darling (musa de Warhol) de la portada del ep "the lake" (Secretly Canadian, 2004) la realizó Peter Hujar reconociéndose además como gran admirador de su trabajo gráfico. Y ese "the lake" debe ser la pista a seguir para llegar a lo que será su nuevo disco "i am a bird now" previsto para febrero del 2005 también para Secretly Canadian. Lo que vino después merece punto y aparte.

Para situar y comprender el universo CocoRosie hay que acercarse a Devendra Banhart, Andy Cabic (Vetiver) o Joanna Newsom, sin duda la rama más singular del nuevo folk. Pero también hay que citar Hawaii, Iowa, París o Nueva York, paradas dentro del viaje emprendido por las hermanas Cassady (igual de hermanas que las Azure Ray, Maria Taylor y Orenda Fink) origen la nada, destino quién sabe. Se presentaron divas, perdón desconfiadas, cubiertas con capuchas y un montón de expectativas por cubrir. Todas las que su debut "La maison de mon rêve" (Touch and Go, 2004) habían suscitado. Que iba a ser una noche especial lo sabíamos, lo que no sabíamos era que la casa de mi sueño llevada al directo es una invitación a cruzar el espejo de Alicia.
Bianca (Coco), Sierra (Rosie) y un tipo desconocido encargado de manejar el ritmo de las bases con la garganta, sí con la garganta. Tras el escenario proyecciones de marcado acento naïf mezcla del universo cromático de Egon Schiele y la perturbada, infantil y particular visión de William Schaff, responsable del artwork de entre otros: gy!be, Songs:Ohia y Okkervil River. Dibujos infantiles en la inocencia y demoledores en lo subliminal que contrastan con el New York, dónde actualmente residen, que Julie Doucet describe en el comic "diario de New York" (Inrevés Edicions, 2001) más fiel a lo que podemos imaginar. Canciones que una tras otra remiten a un sueño del que cuesta despertar, que invita a tomar notas cuaderno en mano y lápices de colores. Onírico y también didáctico, como una festiva clase de pretecnología. Arreglos lo-fi con una juguetería extravagante -teléfonos, coches de juguete, sirenas, teclados de mentira, ...- arpa y guitarra acústica para acompañar una voz que en el caso de Sierra apunta al clasicismo de Maria Callas con registros cercanos al sonido de un theremin en el "oh sailor, oh sail me" de tahiti rain song, en perfecta comunión con la voz de Bianca, ventrilocuismo mezclado con el recuerdo de las grabaciones a 78 r.p.m de Billie Holiday.

Un concierto en el que no hace falta aplaudir, unánime. "by your side" (con la acertada incorporación de Antony en los coros), "terrible angels", "good friday", "madonna" (llamada al hip-hop del acompañante desconocido que esconde en la garganta una caja de ritmos), "candy land" y especialmente "jesus loves me" brillaron en la noche que visitamos esos Apalaches tan ligados a la troupe reinventora del folk. Aunque alguien echase de menos los versos desengañados que cubren "not for sale" (you can leave me / on the corner / where you found me / i"m not for sale anymore) CocoRosie consiguieron contentar a todos. Provocando que el público, ávido de fetiches, asaltase el puesto de venta post-concierto como si de una caja de supermercado en hora punta se tratase.
Y ellas encantadas, sabedoras de que manejan un "espectáculo" fresco, original y genial en lo inclasificable, algo que no conocíamos y que esperemos no tarden en volver a mostrar. ¿Y yo? Pues temeroso de que me bese un sapo y me despierte, porque lo de ayer no fue otra cosa más que un cuento.