Cámara Anecoica: sesión Best Boy

Desde el punto de vista acústico: ¿habéis vivido algún momento diferente sobre el que no os percatabais antes de la visita a la cámara?

Lamentablemente uno no ‘practica’ en la vida diaria con estos sentidos tanto como debería. Es decir, que no nos detenemos a analizar las respuestas sonoras que tenemos en los diferentes espacios en los que habitamos y como reaccionamos ante ellas. La cámara te hace ser consciente de ello de una manera muy evidente.

Sí, es cierto que la sensación física no es agradable, y aunque no exactamente, sería como algo parecido a lo que sientes cuando se te taponan los oídos. Podríamos decir que es una sensación incómoda que te exige adaptación y que se prolongó levemente a lo largo del día.

¿Recordáis algún ejercicio o esfuerzo especial para adaptaros a las condiciones acústicas del espacio y, de esta forma, no desconectar con el resto del grupo en la afinación, ritmo, melodía, etc.?

Las sensaciones eran de una mayor percepción de cada una de las respuestas sonoras de todo lo que hacíamos, siendo por tanto los matices mucho más perceptibles. La sala nos ‘obligaba’ a ser mucho más cautelosos y comedidos que de costumbre. Cualquier ‘error’ en la ejecución era mucho más visible así que de manera natural nos veíamos empujados a realizar una interpretación más sutil y en unos registros más delicados.

¿Impresión general de la experiencia o algo que destacar a mayores?

Sin duda una experiencia muy positiva y enriquecedora, de hecho nos gustaría tener la oportunidad de repetir y experimentar con otras canciones. Sería estupendo tener tiempo para ‘superar’ la fase de adaptación que te exige la sala para explorar con calma todas sus posibilidades.

Best Boy

Público en la cámara anecoica durante el concierto de Best Boy